LA FUGA INFINITA

Se fue mi niñez…
Batiendo sus alas de rosa partió…
Le rogué, llorando: “¡Vuelve a mi otra vez!”
-Volveré- me dijo… Pero no volvió…

Después, mi inocencia, cual mística flor,
se mustió entre las
llamaradas locas del pagano amor,
y a mi alma su aroma no tornó jamás…

Y, al llegar mis dudas, se marchó mi fe…
-“¿Volverás?”- le dije… No sé si me oyó:
Hizo un gesto vago me miró y se fue.

Luego, acurrucada, sufrió mi ilusión
de los desengaños el flagelo cruel:
Me miró con húmedos ojos de lebrel
y se fue en silencio de mi corazón…

Y yo sé que un día también tú te irás,
sin que mis caricias puedan retenerte,
pues ya hacia otros brazos, o ya hacia la muerte,
no te detendrás…

Porque sé que un día llegará el olvido,
y sé que ese día te me irás, mujer,
como tantas cosas que ya se me han ido:
¡Para no volver!…

 

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